Bizcocho de yogur el de toda la vida
A ver, os cuento. Hay olores que, para mí, tienen el poder de parar el tiempo. El olor a pan recién horneado, a guiso de la abuela… y, por supuesto, el olor de un Bizcocho de yogur al horno.
Es ese aroma dulce y reconfortante que me teletransporta a las tardes de mis hijos pequeños, cuando, entre deberes y juegos, siempre había un momento para meter las manos en la masa.
Un bizcocho casero es mucho más que un dulce; es una promesa de hogar, de una merienda compartida, de un desayuno que empieza con una sonrisa.
Y si hablamos de bizcochos, ¿cuál es el rey indiscutible en la mayoría de nuestras casas? Exacto, el de yogur. Esa receta que pasa de madres a hijos, de vecinas a amigas, y que nunca falla.
Es de esos postres que te salva una tarde de lluvia, que te prepara el desayuno de toda la semana o que te endulza cualquier café. Siempre que en mi casa había una tarde libre, los niños se liaban a sacudir el bote de yogur y las cucharas para empezar a medir.
La verdad es que no hay nada más sencillo, y a la vez, más gratificante.
Hoy vamos a rescatar esa joya de la repostería casera, pero le vamos a dar un pequeño giro, un susurro tropical, para que siga siendo el de siempre, pero con un «algo» que lo haga especial.
Hemos usado yogures de coco y medido con un poco más de precisión para que cada rebanada del bizcocho de yogur el de toda la vida sea una experiencia esponjosa y aromática. ¡Veréis qué resultado!
El secreto de un Bizcocho de yogur el de toda la vida: ¡con un toque diferente!
Este bizcocho es la base perfecta para cualquier momento. Es tan versátil que lo mismo te sirve para una merienda con amigas, que para el tupper del cole, o incluso para un postre improvisado si le añades una bolita de helado.
Con el yogur de coco, le damos un aroma exótico sin complicaciones, y os prometo que la casa entera olerá a gloria. La clave, mirad, está en seguir las medidas que os doy; así nos aseguramos de que suba bien y quede con esa miga jugosa que a todos nos gusta.
Ingredientes para vuestro bizcocho de yogur
- 1 yogur natural de coco (el envase nos servirá de medida)
- 1 medida del envase de yogur de aceite de girasol (o de oliva suave)
- 2 medidas del envase de yogur de azúcar
- 3 medidas del envase de yogur de harina de trigo
- 3 huevos grandes
- 1 sobre de levadura química (tipo Royal, 16g)
- La ralladura de un limón (opcional, pero le da un toque fresco)
- Una pizca de sal
- Mantequilla y harina para engrasar el molde
Paso a paso: cómo hacer el bizcocho de yogur perfecto
Mirad, lo primero es ir encendiendo el horno. Así, mientras preparamos la masa, él ya va cogiendo temperatura. Lo ponemos a 180°C, con calor arriba y abajo, y sin ventilador para que se cocine de forma uniforme.
Y ya que estamos, engrasamos un molde de unos 22-24 cm de diámetro con mantequilla y lo espolvoreamos con harina. Esto es fundamental para que luego se desmolde sin problemas, ¡que no queremos disgustos a última hora!
En un bol grande, ponemos los huevos y el azúcar. Con unas varillas (si tenéis eléctricas, mejor, si no, ¡a brazo!), batimos bien hasta que la mezcla blanquee y doble su volumen. Este es uno de los secretos para que el bizcocho quede esponjoso.
Ahora añadimos el yogur de coco y el aceite. Seguimos batiendo hasta que todo esté bien integrado.
En otro cuenco, tamizamos la harina junto con la levadura y la pizca de sal. ¿Por qué tamizar? Pues para que no queden grumos y para airear la harina, lo que ayuda a que el bizcocho suba mejor.
Vamos incorporando la mezcla de harina al bol de los líquidos, poco a poco y con movimientos suaves y envolventes. Podemos usar una espátula. No hay que batir en exceso, solo hasta que no veamos grumos de harina. Si le ponéis ralladura de limón, este es el momento de añadirla.
Vertemos la masa en el molde que teníamos preparado.
Lo metemos al horno precalentado. Horneamos durante unos 35-40 minutos. Pero ojo, cada horno es un mundo, así que a partir de los 30 minutos, id vigilando. Para saber si está hecho, podéis pinchar con un palillo en el centro; si sale limpio, ¡listo! Si no, dejadlo unos minutos más.
Una vez hecho, lo sacamos del horno y lo dejamos reposar unos 10 minutos en el molde. Después, lo desmoldamos con cuidado y lo pasamos a una rejilla para que se enfríe completamente. Es importante que enfríe sobre una rejilla para que no sude por la base y se quede blando.
El rincón de Mila: ¿por qué hornear en casa?
Mirad, hacer un bizcocho en casa no es solo cocinar; es un acto de amor y, de paso, de pura economía doméstica. ¿Sabéis cuánto cuesta un bizcocho decente en la panadería? ¡Una fortuna! Y, la verdad, nunca va a saber como el que hacéis vosotros.
Además, cuando horneas en casa, controlas los ingredientes. Puedes elegir un buen aceite, un yogur de calidad, y sabes exactamente qué lleva cada trozo.
Es una inversión de tiempo mínima para un ahorro y una calidad que no tienen precio. Y ya ni os cuento el ambientazo que se crea cuando el aroma del bizcocho empieza a invadir cada rincón del hogar. ¡Eso es impagable, de verdad!
Conservación y variaciones
Este bizcocho se conserva de maravilla en un recipiente hermético, a temperatura ambiente, durante 3 o 4 días. Si os aguanta más, ¡es que sois de otro planeta! En mi casa, rara vez llega al tercer día.
Si lo queréis congelar, podéis hacerlo ya cortado en porciones. Así, cada vez que os apetezca, solo tenéis que sacar una rebanada y dejar que se descongele. ¡Parecerá recién hecho!
¿Queréis probar otras variaciones? En vez de coco, podéis usar yogur de limón, de fresa… o incluso un yogur griego para una miga más densa. Podéis añadirle trocitos de chocolate, nueces, pasas o frutas confitadas. O, si os gusta más, un poco de canela en polvo. ¡Las posibilidades son infinitas!
Así que ya sabéis, animaros a preparar este bizcocho. Es la receta perfecta para demostraros que con un poco de cariño y los ingredientes adecuados, se puede hacer magia en la cocina. ¡Que lo disfrutéis muchísimo!

